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Introducción

El cerebro es sin duda el órgano más complejo del ser humano, y consigo trae muchos misterios y dudas que aún no han sido resueltas. Sin embargo no es que se haga poco por buscar encontrar solución a todos estos misterios del cerebro. Hoy por hoy es el foco de atención de muchas ramas científicas, condensándose en lo que se denominan las neurociencias.

Una conciencia mayor.

La idea de una entidad superior que nos gobierna y que es consciente de cada uno de nosotros es algo que ha acompañado a la historia de la humanidad. Sin embargo, no ha habido pruebas concluyentes de que esto sea cierto. ¿O si las hay? Quizá la respuesta esté ante nuestros ojos, pero que no lo hayamos percatado, es decir, un ser vivo que tenga un nivel de conciencia inferior al nuestro no entenderá nunca nuestros pensamientos y como hemos afectado el mundo que lo rodea, como por ejemplo, una hormiga. Ella Nunca entenderá que una calle ha sido creado por nosotros, ni mucho menos su finalidad ni la metodología aplicada.

Una neurona tampoco comprende que su conjunto crea a un ser mucho más complejo que ella en sí. Por ende y poniéndonos en el lugar de una neurona, ¿que tal si nuestras sociedades en si sean un gran cerebro, en donde cada uno de nosotros somos como sus neuronas? De entrada es quizá una idea que pareciese ser alocada, pero la verdad que tiene muchas mas relaciones que las que uno se imaginaría.

Comencemos con que las neuronas y los individuos son unidades aisladas, completas en sí mismas, así que pueden adaptarse para cambiar, y la mayor parte del tiempo está en íntima interacción con los demás. Si se llegan a aislar, apenas pueden sobrevivir y no florecen. Necesitan de las demás neuronas. Sin embargo no hacen contacto entre ellas, si no que se relacionan a través de espacios o “huecos” llamados espacios sinápticos, donde una señal eléctrica que se quiere trasmitir, no puede hacerlo de manera directa, si no que necesita de un mensajero químico, el cual se libera de una neurona y produce en la otra una reacción que continúa con la generación del impulso eléctrico. Esto es comparable con el habla, en donde existe un espacio entre los participantes de la comunicación, pero es necesario un portador del mensaje para que le llegue al otro, es decir, la voz. Además es necesario que exista la generación de palabras y de un idioma para que se trasmita el mensaje. 

A una neurona le pueden llegar miles de mensajes, y su forma de actuar dependerá de todas ellas. Cada sinapsis refina el mensaje final de la red, dando como resultado el colectivo final de un amplio grupo de neuronas.

Del mismo modo que cuanto más hablas con una persona más fuerte se hace tu relación, lo mismo ocurre con las neuronas, mientras más veces se realice la misma sinapsis, más fuerte será. El visionario psicólogo Donald Hebb de hace más de medio siglo propuso que el reforzamiento implicaba adaptabilidad, es decir, como se iría personalizando el cerebro. Al tener diferentes experiencias, las diferentes conexiones se reforzarán, y por tanto, un cerebro se diferenciará de otro a partir de las vivencias individuales.

Lo mismo que una persona cambia y evoluciona en un grado sorprendente a lo largo de su vida, las neuronas pueden hacerlo también. Los neurocientíficos le denominan “plasticidad neuronal”.

Nosotros evolucionamos constantemente como personas, cambiando nuestra percepción de la realidad y forma de actuar, como resultado de nuestra predisposición  genética y el medio que nos rodea. Las neuronas, de forma similar, responden y cambian según el tipo, la fuerza y la frecuencia de los estímulos.

Pero no solo nos comunicamos con las personas de nuestra vecindad inmediata: El impacto de nuestras conversaciones tiene el efecto en distancias más largas y en públicos más amplios. Más allá de nuestra familia y de nuestro círculo de amigos, también somos parte de una comunidad mucho más grande. Esta comunidad superior está organizada como una especie de jerarquía de intimidad, compuesta por grupos de amigos y familias, en grupos cada vez más grandes que se alimentan unos a otros. Lo mismo pasa con las neuronas: cada una de las configuraciones sinápticas inmediatas se comunica con grupos más y más grandes, redes neuronales que acaban por formar parte de una clara región cerebral, que interactúa con todas las demás regiones para componer el cerebro holístico. Cada región cerebral funciona de manera comparable a una organización que responde a las fuerzas del mercado. A medida que una organización va creciendo, se vuelve menos dependiente de las fluctuaciones momentáneas de los hechos casuales del mundo exterior, ya que dispone de fuerza y cohesión interna. Lo mismo se da en el cerebro maduro.

La dinámica de la maleabilidad neuronal y el entorno crean una entidad en continua evolución única e individual, y sin embargo, se trata de una individualidad que se transforma constantemente.

Las analogías entre el cerebro y la sociedad no solo van en cuanto a los patrones normales de funcionamiento, si no también cuando no salen las cosas bien. Por ejemplo, la esquizofrenia es un problema causada por una producción excesiva de un trasmisor, la dopamina, es decir, falla en la comunicación. Lo mismo puede pasar en una empresa. Si hay poca comunicación puede presentar complicaciones.

Otro problema que puede presentar una empresa es que muera un miembro clave del equipo. Si no estaba preparada la empresa puede presentar muchas complicaciones. Lo mismo sucede con el cerebro y la neurodegeneración. Las conexiones neuronales atrofiadas causan problemas como el Alzheimer o el Parkinson.

Sin embargo, si la marcha de una persona o un grupo de personas ya estaba planeado, se puede compensar con los que restan, lo mismo sucede en el cerebro cuando sucede un derrame cerebral. Si bien esto no es algo que se planifique, dependiendo de la extensión y la localización de la pérdida neuronal, las neuronas circundantes pueden ocupar el lugar de las neuronas faltantes y no presentar ningún inconveniente.

Como vemos las analogías entre las neuronas y las personas son muy grandes. Por esto podríamos decir que estamos creando una conciencia colectiva que quizá no percibimos como tal, aunque esta exista.

Ajá, ¿y para que ver la sociedad como un cerebro?

Si bien es un desarrollo más netamente filosófico de ver la sociedad como un cerebro, eso no quiere decir que las utilidades se queden en sólo ideas. Las analogías en el ámbito científico son muy utilizadas para dar soluciones similares a procesos que actúan de manera similar, ya que nos permiten establecer modelos que nos ayudan a explicar la realidad.

Claramente nuestro entendimiento del cerebro es bastante limitado, como así también lo son muchos de los comportamientos sociales. Sin embargo,  hay algunos trastornos neurológicos que ya tienen sus tratamientos para erradicarlo, contenerlo, aliviarlo o eliminarlo.

Ahora, es posible que a algunos de los problemas sociales podamos modelarlos dentro de una patología neuronal, y aplicar algunos de los tratamientos conocidos para evaluar como reacciona y hasta poder encontrar soluciones.  

 

Diferentes tipos de conciencia.

Las formas de conciencia que conocemos están generalmente encapsuladas en un único organismo. Es difícil concebir claramente que hay una conciencia que escape a estas cápsulas biológicas por que eso no entra dentro del marco científico conocido, y es difícil de llevar a cabo algún tipo de experimento que pueda ser verificado por el método científico. Por eso es que por ahora muchas ideas son sólo eso, ideas.

Esto no nos limitará a flashear un poco sobre las conciencias más difíciles de comprender. Una de estas son las conocidas mentes colmenas. capaces de desarrollar comportamientos de elevada complejidad a partir de individuos de comportamientos muy limitados. Su fascinante complejidad alejada del individualismo, las convirtió en modelo para muchas ficciones de culturas alienígenas. Suelen constituir grupos muy numerosos. 

Sin embargo, hay un detalle sobre este tipo de conciencias, y es que las individualidades que la forman, los insectos, no tienen conciencia de que son parte de ella. Y esto mismo podríamos extrapolarlo hacia nosotros, pero con un nivel de complejidad mucho mayor, en donde nosotros no somos capaces de percibir esta conciencia de la cual estamos formando parte.

Otro punto a tener en cuenta es ahora pensar, si abrimos la posibilidad a que hayan diferentes tipos de conciencias que no estén encapsuladas en un individuo, las posibilidades de tipos de conciencia posibles escapan por mucho la capacidad de entender el universo. Quizá, pensar en que el universo en sí esté vivo, ahora, no es una idea tan alocada.

Referencias