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Determinismo Científico

Introducción

El conocimiento es poder ver todo aquello que antes no alcanzábamos a percibir. Es aumentar nuestra visión del mundo que nos rodea. Sin embargo son pocas las ideas que nos hacen dar una cambio rotundo sobre nuestra forma de percibir el mundo. Una idea que es la base de todos los cimientos para las próximas ideas. La más conocida y divulgada es la creencia de la existencia de un Dios. Pero hoy no hablaremos de teología, si no de algo que A NOSOTROS nos ha llenado mucho más y hemos acogido en nuestro subconsciente. Hablamos del determinismo científico.

Definición del determinismo científico

El determinismo científico es un paradigma científico que considera que, a pesar de la complejidad del mundo y su impredictibilidad práctica, el mundo físico evoluciona en el tiempo según principios o reglas totalmente predeterminadas y el azar es solo un fenómeno aparente, producto de la ignorancia o desconocimiento de variables que no son puestas en juego a la hora de realizar un análisis.

Esta es una rama filosófica principalmente determinada por la ciencia, y todo es juzgado dentro del metodo científico. Muchos fueron los filósofos que hablaban de un universo determinado, pero fue Pierre-Simon, marqués de Laplace, uno de los mayores matemáticos de la historia, quien definió de manera compleja esta linea de pensamiento.

Principio de Causalidad

Este es el principio en el que se basa el determinismo científico.  Es un principio universal que abarca todos los campos del ser. Todo suceso está determinado causalmente: todo sucede según una razón o causa suficiente. Esta es la formulación determinista que se expresa por medio del principio de razón suficiente, la expresión más general del principio de causalidad. La causa representa, en el proceso universal del cambio, el momento anterior en el tiempo; el efecto es la secuencia inmediata posterior que acusa todas las propiedades contenidas en la causa: causa aequat effectum (la causa es equivalente al efecto). Debido a esta proporcionalidad existente entre causa y efecto, se cree posible la deducción o la inferencia de un polo de esta ecuación al otro.

La filosofía se ha planteado muy seriamente este problema de la determinación y, ya desde la Antigüedad, han aparecido numerosas formulaciones del principio de causalidad. «Nada sucede porque sí, sino que todo sucede con razón y por necesidad», decía ya Leucipo (s. V a. C.), siendo esta formulación la que ha pasado a la Filosofía con el nombre de principio de causalidad o principio de razón suficiente

Mirada científica del principio de causalidad

No es otra la concepción que tiene la nuova scienza del mundo físico cuando intenta apresar matemáticamente la realidad. El proceso seguido para conseguirlo es muy conocido: todo fenómeno ha de ser purificado de su materialidad, ha de ser cuantificado y geometrizado de tal modo que sea susceptible de comprensión matemática. Al dar resultado el método, se confirman la creencia filosófica y la evidencia del sentido común de que la realidad física, por ser susceptible de matematización, debe estar constituida por una regularidad fija y predeterminada.

El determinismo de la mecánica clásica

La formulación matemática de la mecánica clásica, y otras disciplinas de la física clásica, son tales que el estado de un sistema mecánico queda completamente determinado si se conoce su cantidad de movimiento y posición siendo estas simultáneamente medibles. Indirectamente, este enunciado puede ser reformulado por el principio de causalidad. En este caso se habla de predictibilidad teóricamente infinita: matemáticamente si en un determinado instante se conocieran (con precisión infinita) las posiciones y velocidades de un sistema finito de N partículas teóricamente pueden ser conocidas las posiciones y velocidades futuras, ya que en principio existen las funciones vectoriales que proporcionan las posiciones de las partículas en cualquier instante de tiempo. Estas funciones se obtienen de unas ecuaciones generales denominadas ecuaciones de movimiento que se manifiestan de forma diferencial relacionando magnitudes y sus derivadas. Las funciones se obtienen por integración, una vez conocida la naturaleza física del problema y las condiciones iniciales.

Ahora bien el objetivo habitual de las aplicaciones de la mecánica clásica no es precisar el estado de un sistema sin más, sino además, partiendo de un estado dado, predecir y definir unívocamente cualquier estado posterior del mismo sistema. En esto consiste el determinismo clásico.

La mecánica clásica ha podido defender durante mucho tiempo este tipo de determinismo apoyándose en sus éxitos. Lo que para Newton era todavía un supuesto implícito, se convierte con Laplace en doctrina, seguro de estar ante el método único capaz de descubrir la realidad tal cual es.

Esta fe en el método y en sus resultados y la consiguiente aceptación de la determinación de los sucesos naturales no pudo ser destruida ni por la teoría de Maxwell, que tiene que explicar fenómenos donde sólo ayudan las leyes estadísticas, ni por la teoría de la Relatividad de Einstein en la que ya no queda fuera del sistema estudiado el observador, pero que su intromisión no supone una perturbación esencial de las leyes determinantes de lo real.

La crisis del determinismo científico

Aunque existen diversas interpretaciones de la Mecánica cuántica, la mayoría de ellas aceptan que existe uno o varios factores aleatorios intrínsecos en la teoría por los cuales no existiría determinismo como en el caso de la mecánica clásica. En especial, en la reducción o colapso de la función de onda relacionado con el problema de la medida se cree que podría ser un proceso donde interviene el azar de manera insoslayable. Desde siempre han existido formulaciones que han tratado de conciliar la exactitud de las predicciones de la mecánica cuántica, con algún tipo de mecanismo determinista, por ejemplo la famosa interpretación de Bohm postulaba algunas variables ocultas que reconciliaban resultados aparentemente azarosos de la observación con un conocimiento incompleto del estado cuántico. Diversos resultados empíricos basados en el teorema de Bell supusieron un duro golpe contra muchas propuestas teóricas de variables ocultas. Aunque recientemente han aparecido nuevos trabajos que sugieren que la mecánica cuántica podría ser determinista, sin embargo, esta posición no es la preferida actualmente en mecánica cuántica.

Predictibilidad vs aleatoriedad

Dee ser tomada como cierto el determinismo implica la imposibilidad o no de sucesos aleatorios, es decir, sucesos cuyos resultados no son previsible más que en razón de la intervención del azar.

La palabra aleatorio se usa para expresar una aparente carencia de propósito, causa, u orden. Pero para un pensador determinista no cabe la posibilidad de un suceso aleatorio, debido a que este no estaría siguiendo el principio de causalidad que rige su estructura de pensamiento.

En términos prácticos se podrían considerar algunos sucesos como azarosos o aleatorios. Podemos tomar el ejemplo de arrojar un dado. Antes de que termine de rodar, ¿podríamos predecir con 100% de seguridad cuál será el resultado? A priori podríamos decir que no, por que de ser posible los casinos ya estarían fundidos. Pero si nos abstraemos más a las palabras de papá Laplace, si conociéramos todas y cada una de las fuerzas que imperan sobre el dado al momento de ser arrojado, si podríamos predecir con un 100% de precisión cual sería el lado el cual caería. Logicamente, aún no se ha alcanzado una conciencia que sea capaz de llegar a tal nivel,  pero… ¿Que pasaría si tuviésemos tal conciencia?

Una máquina llamada DIOS

Predecir el comportamiento futuro de nuestro universo ha sido uno de los objetivos más codiciados y buscados por todas las civilizaciones antiguas. Y no es algo que esté ausente en la sociedad contemporánea. Son muchos los campos que buscan conocer el futuro, muchos de los cuales son más que nada pseudo ciencias. Sin embargo, desde la mirada científica ha habido un desarrollo bastante grande en este sentido. 

Siempre se ha tendido a matematizar el comportamiento de los cuerpos, y es por eso que la física ha sido una herramienta clave en este proceso. De ahí derivados como la astronomía o la climatología se han valido de las herramientas de la física para realizar sus modelos de la realidad, y con ello simulaciones, las cuales se han ido complejizando más y más a medida que se avanzaba sobre la electrónica e informática. Las simulaciones son cada vez más precisas, y su tasa de predicibilidad son bastante buenas.

Predecir el clima hace cientos de años parecía ser algo azaroso, o quizá hasta algo mágico o místico. Pero eso no era la realidad. Como bien habíamos dicho, que algo parezca no ser predecible por las herramientas actuales lo convierte en algo aleatorio o indeterminista. La tecnología evolucionó, y con ello las tasas de predictibilidad. Eso es debido a que las simulaciones que hacemos de nuestro universo (por más que sea solo sobre el clima en este caso) son cada vez más perfectas, llegando a predecir el clima con más de una semana adelante.

Ahora, bajo esta misma línea de pensamiento, podríamos llegar a inferir que mediante más evolucione la tecnología, más precisas serán las simulaciones, y con ello llegar a predecir cada vez con mayor exactitud y longevidad la realidad, a un punto tal que en un solo instante de tiempo podamos llegar a tener frente a nosotros el estado presente futuro y pasado de nuestro universo. Este tipo de inteligencia sería claramente una idea muy cercada a Dios, ya que sería una inteligencia omnipresente y omnisciente.

Sin embargo, ¿realmente existirá alguna máquina que sea tan compleja para poder llegar a almacenar el valor de todas y cada una de las variables del universo? Realmente es difícil de imaginar. Pero de ser posible, esta simulación tendría la capacidad de generar el mismo estilo de conciencia que el nuestro. Por ende en dicha simulación también se crearía una simulación que simule cadenas infinitas de simulaciones. Super loco la verdad.

Y no sólo implicaría esto si no que este pensamiento de creer que podemos llegar a concebir una inteligencia que simule todo nuestro universo, absolutamente nada nos hace pensar de que nosotros no seamos una simulación de otro universo, o bien, no seamos más que un eslabón en esta cadena de simulaciones. 

Referencias