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¿Que es la meritocracia?

Este es un tema bastante polarizado, por eso, comencemos en lo que todos estaremos de acuerdo (o eso espero) , Su definición.
La meritocracia se define en sí como un sistema basado en el mérito. Esto es, las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento en virtud, del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto de trabajo. En palabras más simples, la situación de cada uno de los habitantes de una sociedad dependerá exclusivamente del esfuerzo del mismo.

A si mismo, la sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo. Como tal, es un concepto relacionado a la prevalencia proporcionada entre la capacidad intelectual que posee el individuo con el conjunto de actividades enlazadas al puesto de trabajo.

Actualmente es muy utilizada en los discursos neoliberales como el modelo de sociedad al que las naciones deberían alcanzar. Resulta paradójico que quien acuñó el término por primera vez, el sociólogo Michael Young, se refería a esta tipo de sociedad como un futuro distópico con muchos problemas sociales.

¿Modelo perfecto?

Pareciese a simple vista que es el modelo ideal para llevar una sociedad. No lo vamos a negar. Es una idea bonita, atractiva y sexy. La meritocracia permitiría crear una sociedad justa, ya que todo lo logrado por los individuos es por sus esfuerzos y méritos a lo largo de su vida, y no por otras causas como su apellido, riqueza, sexo, religión, política, entre otras.

Sin embargo, como lo indican muchos sociólogos e investigadores esta en que no sólo sería algo utópico, si no que además no se asemejaría ni en lo más mínimo a lo que podríamos determinar como un sistema justo.

El punto de vista más común a la hora de afirmar de que la meritocracia es verídica es el hecho de creer que el único determinante para llegar al éxito es el talento y el esfuerzo. Sin embargo, el profesor de Economía de la Universidad de Cornell Robert Frank publicó una columna de opinión en ‘The New York Times‘, en la que arrancaba recordando que el papel que la suerte tiene en el éxito es mucho mayor que lo que la gente piensa.  “Al contrario de lo que muchos padres dicen a sus hijos, el talento y el trabajo duro no son ni necesarios ni suficientes para el éxito económico”, escribía. “Ayuda ser talentoso y trabajar duro, por supuesto, pero hay gente que disfruta de un éxito espectacular a pesar de no tener ni una cosa ni la otra”. Así también hay personas las cuales son talentosas y trabajan duro, pero no tienen los resultados que quizá “merecerían”.

" Una persona muy inteligente que nace en la pobreza no tiene las mismas posibilidades que un mediocre nacido en la riqueza"
Alberto Fernandez
Presidente

Si se aceptara la idea de una meritocracia se estaría invisibilizando todas las realidades que pueden llegar a atravesar las diferentes personas como así también los recursos que se poseen. Actualmente, es común que hayan exámenes de admisión en escuelas o universidades, en lo que muchas veces los alumnos que entran no sólo son aquellos que han podido asistir a una educación anterior de calidad, si no también que han tenido la posibilidad de poder pagar un profesor particular para la preparación a dicho examen. Por ende, en lo que un exámen de ingreso parecería estar en igualdad de condiciones para todos, pues a todos se les entrega el mismo examen, esto no resulta ser tan sencillo de ver.

Cerebro meritocrático

En cualquier lugar que busques encontrarás el análisis de la meritocracia desde un punto de vista socio cultural y desde ahí se anclan para testificar en contra de ella, pero en escape mental queremos darle una visión también más biologicista.

Podríamos partir de que al momento del nacimiento se supone que no hay muchas diferencias en el cerebro, por lo que se podría llegar a decir que hay  una igualdad de condiciones en este momento. Claro, es necesario aquí hacer la salvedad que hay personas que nacen con una capacidad cognitiva menor por alguna patología o anormalidad que escapan a la regla, y por ende no estarían en igualdad de condiciones en este mundo. Por eso, nos centraremos en lo que podríamos decir que es un cerebro sano.

El cerebro tiene un periodo en el cual su capacidad de aprendizaje es máxima, y poco a poco esta va disminuyendo. A esto se le denomina “plasticidad cerebral”, la cual dependerá tanto de la edad como de la experiencia vivida.

La mayoría de los niños aprenden a percibir su entorno, a andar, a hablar y relacionarse de forma espontánea. No precisan de una enseñanza activa, basta un medio que le permita desplazarse, oír, contemplar como los demás se relacionan, para que aprenda estas habilidades. Cuando su cerebro tenga maduras las estructuras necesarias para «soportar» cada una de estas funciones, simplemente las incorporará.

Sin embargo, las habilidades prescindibles para nuestra supervivencia como especie no se adquieren espontáneamente, sino que requieren un esfuerzo activo para su aprendizaje. Pueden aprenderse a cualquier edad, siempre que estén maduras las estructuras cerebrales necesarias para realizarlas.

Existen periodos críticos, que hacen referencia al momento en el que las estructuras cerebrales están maduras y pueden adquirir una función. Si no se adquiere una determinada habilidad en el momento óptimo de madurez cerebral luego será mucho más difícil y a veces imposible aprenderla. Los tres primeros años son críticos para obtener esta información, y es cuando se forma la fundación de toda la percepción sensorial, pero no son los únicos.

A lo largo de la vida y si mantenemos una disciplina de aprendizaje y de exposición a cosas nuevas, continuamos aprendiendo, pero no al mismo nivel que en esos momentos, cuando nuestro cerebro está formándose.

Ahora hay que entender como el contexto sociocultural que rodea al niño infliuye de sobremanera a qué va a aprender el niño y cómo lo va a hacer. Es decir, no es lo mismo un niño que nace en una familia pobre y rodeado por una cultura del consumo a otra en una familia en una cultura del conocimiento.

En el primer caso, no se lo fomentaría a aprender cosas nuevas al niño. La familia solo se limitaría a darle la educación obligatoria por el estado (la escuela). Sin embargo, todo niño aprende y crece por imitación, tomando por ejemplo a los padres, familias y amigos, y esto sumado a que el periodo de plasticidad y aprendizaje es crítico en los primeros años, hace que su forma de afrontar toda su vida dependa de sobre manera de estos primeros años. 

Si el niño aprende que ver televisión 10 horas al día está bien, pues su familia lo hace, él lo va a hacer. Si el niño ve que sus padres viven sin leer un libro, lo va a hacer, y así irá normalizando todos los malos hábitos adquiridos por sus familiares.

Al contrario de un niño rodeado por una cultura del aprendizaje, verá como sus familiares cotidianamente aprenden algo nuevo, y los tomará como ejemplo para él mismo también aprender algo nuevo. Si sus padres leen libros y lo normalizan, él no verá a esta actividad como algo frustrante u obligatoria. Todo lo contrario, lo verá como algo placentero. 

Indudablemente haber crecido en un ambiente rodeado de buenos hábitos te va a hacer adoptarlos, y de cara a rendir un examen a los 18 años de tu vida que definirá tu futuro, tendrá una ventaja clara y hasta puede llegar a ser tajante.

En la ciudad de San Juan, Argentina, en la cual actualmente resido está la la facultad de ingeniería de la universidad nacional de san juan. En ella cualquiera que supere un examen de nivelación puede ingresar, por lo que a priori parecería algo “justo” y con equidad de posiblidades de ingresar.

Ahora, ya estoy por terminar mis estudios de grado en bioingeniería y veo cómo quienes llegamos a este punto no son personas provenientes de un nivel sociocultural bajo, es más, la gran mayoría provienen de familia de gente con estudios. 

Esto no hace más que afirmar que la distribución del conocimiento, y a la larga del poder de un país, dependerá claramente de donde has nacido y como esto va modelando tu plasticidad cerebral.

 

Alimento para el cerebro

No solo el hecho de tener buenos hábitos es suficiente como para poder tener un desarrollo óptimo del cerebro. Este también necesita energía, necesita alimentarse para funcionar. El cerebro consume literalmente el 20% de la energía del cuerpo en un día, es decir, lo mismo que nuestros músculos. Debido a esto, para que pueda funcionar correctamente es obligatorio estar bien alimentado, y he aquí un punto crítico de comparación entre una familia con y sin carencias.

Cuando un niño no está alimentado correctamente, la distribución energética de lo poco que consume priorizará aquellas funciones vitales para la supervivencia, y dejará las cognitivas de lado. Por ende, un niño que tenga largos periodos sin buena alimentación, y en algunos casos son años enteros, hace que no tenga el mismo desarrollo que un niño que si se alimentó. Esto hará que en el momento de rendir un examen claramente no podrá tener el mismo desempeño, sin importar cuanto se esfuerce. Lamentablemente no hay igualdad de condiciones.

¿Alcanzable? Flashiemos un poco.

Si bien habíamos definido que era una meta utópica, podríamos analizar cuales serían las variables que deberíamos controlar para alzancar esta utopía del mérito.

Primero y claramente se necesitaría un sistema que proporcionara la misma calidad de crecimiento y enseñanza durante todo el periodo crítico de crecimiento de cualquier niño. Para esto, la variable de diferentes tipos de padres debería quedar descartada, es decir, deberían ser separados apenas los niños nazcan de sus padres para así dar una igualdad de condiciones.

Esto supondría entonces una homogeneización en la educación de todos los niños de la sociedad, y entendiendo de que la personalidad de cada individuo se ve afectada por sus aprendizajes, también habría una consecuente homogeneización de la personalidad de los individuos. Sería por tanto una sociedad en donde todos seríamos iguales.

Sin embargo, una sociedad no puede subsistir sin la existencia de una variedad de campos del conocimiento. Esta sociedad estaría obligada a dar experiencias variables a cada individuo para así alterar sus aficiones y motivaciones, debido a que dichas motivaciones por los campos de estudio dependerá de las experiencias vividas.

En el caso de fallar en esta ultima tarea, tendría individuos frustrados en campos que no lo motivan lo suficiente, y como había señalado el sociólogo Young, mas que una utopía sería una utopía.

El discurso neoliberal.

Con más o menos convicción, todos creemos en la meritocracia. Todos creemos que debiese haber igualdad de oportunidades y que los premios debiesen recibirlos quienes trabajan duro. Existe en el ideario colectivo de que si de implantarse un sistema netamente meritocrático, todos estaríamos en una mejor posición, pues no hay persona que crea de que en sí misma pueda estar por debajo de la media.

A esto hay que sumarle la parte política. la meritocracia es una ideología que sirve para justificar a los que ocupan posiciones de privilegios, y responsabilizar aquellos que no realizaron el esfuerzo necesario para poseer los conocimientos para ganar. De esta manera se regulan de forma ideológica a las personas que el mismo sistema les puso por abajo.

Para que un sistema se instaure todas y cada una de las partes deben estar de acuerdo con este, tanto como las más favorecidos, como los menos. Si los menos creen que se “merecen” esa posición, entonces no habrá revolución. Si los menos entendieran que lo justo es injusto, buscarían justicia, y eso, a los que están en una situación de privilegios no les haría gracia.

Por este motivo se nos inculca esta idea del merecimiento, del esfuerzo, y de la culparnos a nosotros mismos por las deficiencias o desventajas que el mismo sistema nos ha brindado. Desconozco cual sería el ideal de una sociedad, pero creo claramente que uno meritocrático queda descartado.

Referencias